Caminar, caminar llevando siempre en nuestros corazones y en nuestros labios el dulce nombre de Jesús
Quien no se mueve mucho muscula la atención,
aprende la vigilancia de lo cercano y
por tanto lo más inadvertido.
El amor que no se termina, creo,
es una planta que solo prospera
en el tiesto de la estabilidad.
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