Reflexión

 En el evangelio de hoy se muestra claramente que se puede tener todo y que esto puede no valer para nada. Se puede tener el poder, la riqueza, la cultura, incluso las respuestas religiosas y, sin embargo, vivir fuera del sentido de la realidad. Aun así, parece que todos buscamos vivir en ese espacio de luz artificial que nos da nuestro poder sobre las cosas. Esta es nuestra ciudad, esta es la Jerusalén de Herodes, donde los magos curiosamente pierden el contacto con la estrella que les guía, como si hubiera un campo de fuerza que no deja funcionar bien su sentido para buscar la verdad.

Es solo cuando vuelven a salir de la ciudad, es decir, cuando se mira de frente lo no dominado ni dominable de las cosas, cuando entran de nuevo en la oscuridad y en el camino incierto de la vida, cuando vuelve a aparecer la llamada de la estrella que conduce a la vida.

Y es que el ser humano siempre se ha dejado seducir por su poder y siempre se ha afirmado sobre sus verdades, y ambos, su poder y sus verdades, son limitados y, por tanto, si solo se fía de ellos le encierran en su propia pobreza, aunque esta se vista ‘de Prada’.

La fiesta de la epifanía, nos invita a salir de nuestros falsos refugios y mirar de frente el fondo de nuestra vida, que pide un sentido absoluto que no se puede dar a sí misma, un amor absoluto que no puede crear, alguien a quien entregar los poderes de la vida para que alcancen a realizarse en su verdad y creatividad. Este sentido, este amor se nos ofrecen en Jesús, pero es necesario salir a la noche para verlo, si no seguiremos deslumbrados por estrellas artificiales y de poco recorrido.

 


 

Comentarios

Angelo ha dicho que…
La imagen de la ciudad donde se pierde la estrella es muy clara.
Tiene sentido la idea de que el poder y las certezas pueden alejarnos de lo esencial.
La Epifanía aparece así como una invitación a salir de esos refugios y mirar la vida con más verdad. Un saludo cordial

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