Domingo del Buen Pastor

El hombre de hoy rechaza con desdén el papel de oveja y la idea de rebaño, pero no se percata de que está completamente dentro. Uno de los fenómenos más evidentes de nuestra sociedad es la masificación. Nos dejamos guiar de manera supina por todo tipo de manipulación y de persuasión oculta. Otros crean modelos de bienestar y de comportamiento, ideales y objetivos de progreso, y nosotros los seguimos; vamos detrás, temerosos de perder el paso, condicionados y secuestrados por la publicidad. Comemos lo que nos dicen, vestimos como nos enseñan, hablamos como oímos hablar, por eslogan. El criterio por el que la mayoría se deja guiar en la propias opciones es el «Todos son así».
Mirad cómo se desarrolla la vida de la multitud en una gran ciudad moderna:
es la triste imagen de un rebaño que sale junto, se agita y se amontona a hora fija en los vagones del tren y del metro y después, por la tarde, regresa junto al redil, vacío de sí y de libertad. Sonreímos divertidos cuando vemos una filmación a cámara rápida con las personas que se mueven a saltos, velozmente, como marionetas, pero es la imagen que tendríamos de nosotros mismos si nos miráramos con ojos menos superficiales.

El Buen Pastor que es Cristo nos propone hacer con Él una experiencia de liberación. Pertenecer a su rebaño no es caer en la masificación, sino ser preservados de ella. «Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad» (2 Corintios 3, 17), dice San Pablo. Allí surge la persona con su irrepetible riqueza y con su verdadero destino. 



Interesante




Persecución

“La persecución es el pan de cada día en la Iglesia". Así lo ha asegurado el papa Francisco en la homilía de la misa matutina celebrada el martes en Santa Marta. Como le sucedió a Esteban, el primer mártir, o a los “pequeños mártires” asesinados por Herodes; también hoy muchos cristianos son asesinados por la fe en Cristo y otros incluso son perseguidos “educadamente” porque quieren manifestar el valor del ser “hijos de Dios”.
Existen persecuciones sanguinarias, ha observado, como ser devorados por fieras para la alegría del público en las gradas o saltar por los aires debido a una bomba a la salida de misa.
Del mismo modo, ha hablado de las persecuciones de guante blanco, amamantadas “de cultura”, esas que te envían a una esquina de la sociedad, que llegan a quitarte el trabajo si no te adecuas a leyes que “van contra Dios Creador”.
El pasaje del martirio de Esteban, descrito en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles propuesto por la liturgia del día, lleva al Papa a hacer consideraciones conocidas y nuevas sobre una realidad que desde hace dos mil años es una historia dentro de la historia de la fe cristiana, la persecución.
De este modo, el Santo Padre ha considerado que la persecución “es el pan de cada día en la Iglesia”, Jesús lo ha dicho. Así, el Pontífice ha observado que cuando hacemos turismo por Roma y vemos el Coliseo, “pensamos que los mártires eran esos asesinados por los leones”. Pero –ha añadido– los mártires no han sido solo esos o esos otros. “Son hombres y mujeres de todos los días: hoy, el día de Pascua, hace apenas tres semanas… Esos cristianos que celebraban la Pascua en Pakistán fueron martirizados precisamente porque celebraban al Cristo Resucitado. Y así la historia de la Iglesia va adelante con sus mártires”.
En la homilía, Francisco ha explicado que el martirio de Esteban desencadenó una cruel persecución anticristiana en Jerusalén análoga a esas sufridas por quien hoy no es libre de profesar su fe en Jesús.
Al respecto, el Santo Padre ha advertido de que hay otra persecución de la que no se habla tanto, una persecución “disfrazada de cultura, disfrazada de modernidad, disfrazada de progreso”.
Es una persecución, ha definido el Papa un poco irónicamente como “educada”. Así, ha explicado que este tipo de persecución se da cuando se persigue al hombre no por confesar el nombre de Cristo, sino por querer tener y manifestar los valores del Hijo de Dios. “¡Es una persecución contra Dios Creador en la persona de sus hijos!”, ha exclamado.
Por esta razón, el Santo Padre ha observado que todos los días vemos que las potencias hacen leyes que obligan a ir sobre este camino y una nación que no sigue estas leyes ‘modernas’, ‘cultas’, o al menos que no quiere tenerlas en su legislación, es acusada, perseguida educadamente. “Es la persecución que quita al hombre la libertad, también de la objeción de conciencia”, ha precisado.
En esta misma línea, el Obispo de Roma ha indicado que esta es la persecución del mundo que quita la libertad, mientras que Dios nos ha hecho libres de dar testimonio “del Padre que nos ha creado y de Cristo que nos ha salvado”.  Y el jefe de esta persecución educada, ya Jesús indicó quién es: el príncipe de este mundo.
“Y cuando las potencias quieren imponer actitudes, leyes contra la dignidad del Hijo de Dios, persiguen a estos y van contra el Dios Creador. Es la gran apostasía. Así la vida de los cristianos va adelante con estas dos persecuciones. También el Señor nos ha prometido no alejarse de nosotros”, ha concluido el Santo Padre.
(Texto de Radio Vaticano)




Paz de Cristo



Sin soledad y sin 
silencio, que 
deberían ser 
nuestros hermanos 
de sangre, el 
hombre no se pone 
a tiro de la paz de 
Cristo.

Pascua 2016




Es este crucificado que ha vencido a la muerte el que entra en aquella habitación cerrada de nuestro interior, que nosotros no sabemos alumbrar y que nadie conoce del todo, para encender la esperanza y el amor en medio del dolor, el pecado y la desesperanza. Él espera a que dejemos de correr de aquí para allá y luego llama a la puerta. Si abrimos nos alentará la luz de sus heridas de amor y podremos caminar sabiendo que hay futuro. Y sólo habrá que decir: “Señor mío y Dios mío”

Santa y feliz Pascua. 

¡¡¡Cristo ha resucitado, ALELUYA!!!



SEMANA SANTA 2016


Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención...



SANTA SEMANA


La gracia de la debilidad

Durante cuarenta años no se puede hacer demostración de fuerza. Es posible correr durante un día de andadura, para una vida entera hay que medir el paso y contar con la vulnerabilidad esencial de la naturaleza humana. Sin embargo, aunque no se puede caminar siempre con tensión -San Bruno dice que un arco siempre tenso se hace inservible-, se puede descubrir una extraña fuerza en la debilidad.
Constato, muchas veces, que cuando más débil, frágil y menesteroso me encuentro es cuando más sensible estoy, y normalmente entonces acudo a la oración con mayor receptividad y apertura. Son ocasiones en que bebo la Palabra, suplico intensamente, me encuentro abierto, y acojo, aun en medio del dolor, lo que supone siempre verse tan pobre.
En cambio, cuando me parece que estoy firme, que hago las cosas bien, me sobreviene una falsa seguridad, que me instala en mis modos de ser y de pensar de manera refractaria. En estos momentos, no valoro lo que significa un poco de agua en el desierto, una sombra en el camino, a la hora de mayor calor, y quizá no comprendo a los que necesitan esos auxilios.
No deseo afirmar de manera absoluta algo que no sé si es igual para todos. Por lo que yo experimento, descubro que las ocasiones de mayor receptividad de las mociones interiores suceden cuando estoy más sensible, y normalmente la sensibilidad es mayor cuando me siento menesteroso y débil.
Si son así las cosas, ¿será una gracia la pérdida de seguridad y el despojo que te convierte en mendigo de la mirada compasiva, de la misericordia de Dios?
Sólo sé que la oración humilde y la estancia silenciosa, que transcurren en la percepción de la propia pobreza, producen en mí una apertura y acogida mayores que cuando me creo seguro de mí mismo. A la hora de haber una evaluación, descubro que en tiempos de debilidad soy como el campo labrado que recibe la semilla, como la tierra húmeda que permite que el grano germine. Me parezco a la tierra sedienta, resquebrajada su corteza endurecida, que absorbe la gota de agua y la lluvia del tempero.
El sentimiento de búsqueda y la atención interior que se viven en los momentos de prueba y debilidad son inigualables. No se pueden comparar con lo que se experimenta cuando parece que no se necesita nada.
Lo que me resulta evidente es que cuando confluyen debilidad y relación teologal se da la mayor posibilidad de la experiencia luminosa. ¿Habrá que agradecer las heridas? Quizá en tantas ocasiones son la providencia para despertar la sensibilidad y propiciar así el encuentro con Quien desea vivir siempre a nuestro lado.
Más allá de la fenomenología personal y subjetiva, lo cierto es que Jesús se dejó reconocer por los suyos cuando estaban abrumados por la mayor tristeza, cuando, doloridos y sobrecargados, su naturaleza les llevaba a la desesperanza, al llanto, al miedo, al retorno escéptico.
Al hablar de manifestaciones de debilidad, recuerdo  las lágrimas de María Magdalena, el lamento de las mujeres que acompañaron a Jesús camino del Calvario y lo buscaron en la mañana de Pascua, el miedo de los apóstoles, la desesperanza de los dos discípulos de Emaús, el retorno a los trabajos de la pesca de Pedro y sus compañeros, el escepticismo de Tomás… San Pablo confiesa:
“Me complazco en mis flaquezas, en la injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte” (2Cor. 12,5-10).
Es natural que, después de la Pasión, los discípulos de Jesús estén tristes. Mas resulta sorprendente que la experiencia de la resurrección se dé en todos los casos en las circunstancias de mayor debilidad, en momentos muy dolorosos. A la luz de los relatos de Pascua, descubro el sentido positivo de las situaciones de desánimo, que pueden ser momentos de gracia y convertirse en hitos de fe.
“Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres” 1Cor. 1, 23-25).
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Cuaresma 2016


Este es el día del Señor,
este el tiempo de la misericordia.




En el centro



Dios en el centro de la vida. 
Lo demás es accesorio.

P.D.- Rosa, te "he robado" la imagen.