Tu Gloria



Que tu gloria me fascin
y me pierda de vista.



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A un pájaro...

A UN PÁJARO QUE CANTABA
DURANTE LA ORACIÓN
bblanco
Tú sí me hablas de Dios
con la voz que yo quiero.
Sin palabras; cantando
tus trinos y diciendo
con tu presencia alada
que lo sientes sin verlo.
Que somos suyos, todos,
como lo dirán luego,
al ponerse la tarde,
esas nubes de fuego
y esa flor escondida
que perfuma en silencio.

¿No me oyes cantar
contigo, para adentro?





Consejos...


Vivir siendo misericordiosos en las propias comunidades, conservando el celo del testimonio y anunciando la fraternidad evangélica desde todos los monasterios del mundo. Esto a través de un silencio elocuente que habla a la vida ruidosa y distraída el mundo.





Santa Teresa




"La falta de amor es la mayor pobreza" 

"Hay que hacer las cosas ordinarias  
con amor extraordinario"

Santa Teresa de Calcuta, 
Ruega por nosotros.


Una cosa



Ahora sólo queda una cosa: ser fiel  a la llamada. Seguras, sin miedo. Siempre adelante, caminar con alegría y dejarnos llevar por el vuelo del Espíritu.  Sin resistencia, con optimismo, con amor. 


Desde siempre



Desde siempre te ha llamado
que hasta siempre sea tu respuesta.
Dios ha puesto sus ojos en ti,

pon los tuyos siempre en El.






15 agosto María Assumpta


Sólo la Niña aquella, la Niña inmaculada,
la Madre que del hijo recibió su hermosura,
la Virgen que le dice a su Creador criatura,
sólo esa Niña bella al cielo fue elevada.


Los luceros formaron innumerables filas,
tapizaron las nubes el cielo en su grandeza;
y aquella Niña dulce de sin igual belleza
llenaba todo el cielo con sus claras pupilas.

Nuestro barro pequeño, de nostalgia extasiado,
ardientemente quiere subir un día cualquiera
al cielo, donde el barro de nuestra Niña espera
purificar en gracia nuestro barro manchado. Amén.
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Feliz día de Nuestra Señora

Ritmo

Ya desde antes de ingresar en la vida monástica me atrajo el ambiente de la misma, y pienso que debió ser su ambiente de tranquilidad, de silencio, de un ritmo de vida que iba en sintonía con mi manera de ser. Son indicios externos de los que los que se vale el Señor en una primera llamada. Esto creo que vale para cualquier otra lección determinante de nuestra vida: elección de determinados estudios, de la mujer, o del hombre, con quienes ir compartiendo el camino de la vida, especializarse en una profesión concreta...
Pero no es suficiente con esa "decisión primera", pues la vida nos va presentando otros matices, o desafiando con otras exigencias que requieren de cada uno de nosotros un suplemento de esfuerzo y de respuesta, de fidelidad a uno mismo y de decisión, en la línea del ritmo nuestra existencia, y que, por otra parte, va siendo un factor importante de nuestra maduración personal.
Por este camino vamos descubriendo en nuestra existencia retos nuevos. Y esto sucede en la vida de la persona, sea cual sea la faceta de su vida. Por tanto también en la vida monástica, que no es algo extraño a la vida misma. La vida monástica es simplemente una vida. Sobre todo vida humana. Profundamente humana.
Después de estar inmerso en ella unos 25 años he ido descubriendo nuevos valores muy interesantes y necesarios para la vida de la persona. Unos valores humanos y religiosos de los que tiene urgente necesidad la sociedad, la humanidad de hoy día: el ritmo de la vida misma, el valor del silencio, la vida comunitaria, el valor del trabajo, la necesidad de la plegaria, la aceptación del otro en sus diferencias, el ocio... son valores propios de la vida humana, por tanto no exclusivos de una vida monástica.
¿Acaso no estaréis de acuerdo en que estos valores concretos a los que aludo son algo imprescindible en la vida del hombre de hoy, en nuestro siglo XXI tan convulso?
Los monjes, añadiría, no somos especialistas en estos valores, -aunque sí que disponemos de un espacio y un tiempo privilegiado para vivirlos- y los vivimos, o, quizás mejor, habría que decir "intentamos vivirlos" sumidos en nuestra condición humana, por tanto con sus luces y con sus sombras, pero que incluso viviendo todos estos valores con defectos importantes, como humanos que somos, estamos proclamando que la humanidad tiene necesidad de ellos. Os recordamos los monjes, que es muy importante, esencial, el ritmo de tu vida.
En ello quiero detenerme: el ritmo de la vida misma. Hoy el ritmo de la vida no es humano. ¡El ritmo de las agendas!... ¡cuánto desafío a la paz!...
El hombre está hecho, estructurado como una obra bella, su cuerpo, es una máquina compleja, pero de una gran precisión; tiene, además, un componente espiritual que le constituye como el centro y la referencia de la belleza singular de la creación. Nos encontramos todos los seres humanos aquí en el seno de esta belleza para cuidarla, para gozar de ella, hacerla incluso más bella y eficaz. Y, a pesar de nuestra desidia, ¡somos capaces de ello! ¡Qué grande es el hombre! ¡Qué admirable su dignidad!...
Pero tenemos que empezar a vivir desde nosotros mismos. Yo diría que debemos vivir al ritmo de los latidos del corazón. Para mí, al ritmo de los latidos del corazón sería vivir desde el centro de la persona, y no desde la periferia. El hombre, con harta frecuencia, vive en la periferia de su persona, en la superficie...
Es en el corazón, centro vital de nuestra persona, donde empieza el "calor" de la existencia. Debemos vivir muy sensibles al calor de este espacio interior, de donde va emergiendo la vida personal de cada uno. No siempre es así: o nos aceleramos y perdemos la orientación, o perdemos energía y nos adormecemos...


Por un lado aquí tenemos una invitación a despertarnos interiormente, como sugiere san Pablo: conociendo las circunstancias, ya es hora de despertaros del sueño... la noche está avanzada, el día se echa encima, dejemos las actividades de las tinieblas, y actuemos con las armas de la luz (Rom 13,11).
La vida más que un problema a resolver, sería una experiencia a vivir. Pero es preciso despertar, y vivir con hondura dicha experiencia. El ritmo nos tiene que llevar a contemplar la vida. La vida misma tiene un ritmo humano. Es sumergirnos en el ritmo de esta vida profunda, bella, apasionadamente sugerente...
San Bernardo afirma, en uno de sus escritos, que mucho de lo que ha aprendido lo aprendió en los bosques, en la creación.... Y es que aquí se nos manifiesta la vida en el camino más sencillo y sugerente.
Amigos, amigas, tenemos que buscar otro ritmo. El verano, tiempo de cambios de residencia, de desplazamientos, de cambios en el trabajo..., es un tiempo propicio para bailar con otros ritmos. Tu corazón seguro que te pide un ritmo más lento, más humano. Este baile lo puedes aprender contemplando la belleza de la creación. Es la belleza y el latido de la obra de Dios.

Palabras del Papa Francisco


El Papa señalo que “desde hace tiempo el mundo está en una guerra a trozos, pero es una guerra”. Y explicó que no es una guerra comparable a la Primera o la Segunda Mundial, “esta no es una guerra declarada, pero sí organizada. Es una guerra”.
Recordó así a “este sacerdote santo que murió justo cuando ofrecía una plegaria por toda la Iglesia”. Pero invitó a pensar también en países como Nigeria, aunque mucha gente diga “¡Ah, pero eso es en África!” e hizo referencia a “tantos cristianos, tantos inocentes, tantos niños” que sufren las consecuencias de la guerra. Finalmente aseguró que “no es una guerra de religiones, es una guerra de intereses, por dinero, por los recursos de la naturaleza, por el dominio de los pueblos. Pero no es una guerra de religiones, porque todas las religiones quieren paz”.




Los girasoles


Los artistas, los verdaderos artistas, aquellos que son honestos con su arte, siempre dejan reflejos de su alma en sus obras. Sin duda este es el caso de Vincent Van Gogh.
Si tuviera que elegir una pintura que fuera fiel reflejo de su alma escogería Los Girasoles. En esta obra, a poco que profundicemos en ella y en la vida de su autor, podemos percibir claramente la manifestación de lo divino.
Van Gogh, hijo de un humilde pastor protestante, fue un fiel devoto. Si bien mucha gente conoce el episodio de la oreja, no tantos saben que, debido a su gran fervor religioso, en su juventud estudió teología y llegó a ser misionero en la región de Mons, en Bélgica, conocida por sus minas, la gran dureza a la que eran expuestos los trabajadores y la enorme miseria en que vivían.
“Tú sabes bien que una de las raíces o verdades fundamentales no solamente del Evangelio, sino de toda la Biblia, es: “La luz que brilla en las tinieblas”. Por las tinieblas hacia la luz. Ahora, ¿quiénes son los que tienen necesidad de ello, quiénes son los que sabrán escuchar? La experiencia ha mostrado que los que trabajan en las tinieblas, en el corazón de la tierra, como los mineros en las minas de carbón, quedan fuertemente impresionados por la palabra del Evangelio y le prestan fe”. (Extracto de una de sus cartas a su hermano Theo)
Van Gogh vivió estos años en absoluta pobreza, repartiendo lo poco que tenía entre los más necesitados, hasta el punto de poner en peligro su vida y su salud. En esos años de misión, la manera impetuosa y vehemente de sufrir con los que sufren, compartiendo hasta el extremo sus vidas, puede servirnos como muestra de lo que implica la verdadera misericordia. La palabra misericordia proviene etimológicamente del latín mísere (miseria, necesidad), cor-cordis (corazón) e ia (hacía los demás); es decir, dolerse de corazón con aquellos que sufren o padecen necesidad, sentir en el propio corazón la miseria ajena. A pesar de los errores que pudiera cometer en el enfoque de su apostolado, es obvio que en estos años realizó intensamente algunas obras de misericordia, tales como dar de comer al hambriento, dar bebida al sediento y consolar al triste.
Las condiciones de vida tan duras a las que se sometió causaron verdaderos estragos en la salud de Van Gogh, quien, siguiendo los consejos de su hermano Theo, terminó por abandonar la misión que tanto le afectaba física y psicológicamente. Tras un periodo de tristeza por no haber logrado sus aspiraciones de seguir al Señor siendo pastor ni misionero, con 27 años descubrió que su nueva misión sería llevar la misericordia de Dios, colaborar en la redención de la humanidad, a través del arte.
Ahora que ya hemos vislumbrado la profundidad del alma de Van Gogh, podemos preguntarnos ¿Qué tienen que ver en ello Los Girasoles? Todos sabemos que es habitual, desde la pintura cristiana primitiva, representar a los santos y figuras sagradas con un halo o aureola alrededor de su cabeza. Este halo representa a los santos iluminados por la luz esplendorosa que proviene de Dios, y a su vez siendo luminarias para el mundo. El propio Jesucristo dijo: “Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará entre tinieblas”. Por tanto no debe sorprendernos que la luz y el sol sean unas constantes en sus pinturas. Esta luz, representada a través del color amarillo, es una señal de identidad de sus cuadros: su serie sobre los trigales, la casa amarilla, la habitación de Arlés y, obviamente, sus girasoles.
¿Por qué su obsesión con los girasoles? Era costumbre en los religiosos holandeses tener láminas y libros con dibujos simbólicos que se referían a pasajes de la Biblia. Era bien conocida la simbología del girasol. Una flor que según avanza el día va buscando siempre la dirección del sol, para así absorber plenamente sus rayos. ¡Qué mejor simbolismo del ideal de la vida cristiana! El hombre que busca constantemente mirar a Dios, tal y como hizo el mismo Van Gogh a lo largo de su existencia.