CAMINAR, CAMINAR LLEVANDO SIEMPRE EN NUESTROS CORAZONES Y EN NUESTROS LABIOS EL DULCE NOMBRE DE JESÚS.















Ascensión del Señor



El gozo es mi testigo.

La paz, mi presencia viva,
que, al irme, se va conmigo
la cautividad cautiva.

El cielo ha comenzado.
Vosotros sois mi cosecha.
El Padre ya os ha sentado
conmigo, a su derecha.

Partid frente a la aurora.
Salvad a todo el que crea.
Vosotros marcáis mi hora.
Comienza vuestra tarea. 




¿Nos hemos aislado?

Los monjes y monjas de clausura comunican y mucho. El segundo criterio del amor, prosiguió el Papa, es que “se comunica, no permanece aislado. El amor da de sí mismo y recibe, se hace de la comunicación que está entre el Padre y el Hijo, una comunicación que la hace el Espíritu Santo”.

“No hay amor sin comunicación, no existe el amor aislado. Pero alguno de vosotros puede preguntarme: ‘Pero Padre, los monjes y las monjas de clausura se han aislado’. Pero comunican y mucho: con el Señor, también con los que van a buscar una Palabra de Dios… el verdadero amor no puede aislarse. Si se aísla no es amor. Es una forma espiritualista de egoísmo, de permanecer encerrado en sí mismo, buscando su propio provecho… Es egoísmo”.

Por tanto, afirma Papa Francisco, “permanecer en el amor de Jesús significa hacer” y “capacidad de comunicarse, de diálogo, sea con el Señor sea con nuestros hermanos”.

“Es así de sencillo esto. Pero no es fácil. Porque el egoísmo, nuestro propio interés nos empuja y nos empuja para no hacer y para no comunicar. ¿Qué dice el Señor de los que permanecen en su amor? ‘Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena’. El Señor que permanece en el amor del Padre es gozoso ‘y si vosotros permanecéis en mi amor, vuestra alegría será plena’: una alegría que muchas veces viene junto con al cruz. Pero esa alegría, Jesús lo ha dicho, nadie os la podrá quitar”.

El Papa concluye la homilía con esta oración: que el Señor “nos dé la gracia de la alegría, esa alegría que el mundo no nos puede dar”.


Como Tú, María



¡QUIERO SER COMO TÚ, MARIA!
Alegre, para que los que viven junto a mí sean más felices
Prudente, para que  mis palabras no causen heridas
Orante, para escuchar la voz del Señor
Sencillo, para no dejarme engañar por el escaparate de la sociedad
Valiente, para no acobardarme ante las dificultades
Con las manos abiertas, para dar aquello que otros necesiten
Afable, para tratar a los demás con respeto y cariño
Limpio, para no juzgar por las apariencias
Con esperanza, para huir del pesimismo
Oyente, para conducirme por la Palabra de Dios
Te ofrezco, María, mi DEBILIDAD
Que Tú la transformes en algo agradable a Dios


Misericordiosos como el Padre

Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo, y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.
Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.

Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero;
a la adúltera y a la Magdalena del buscar la felicidad solamente en una creatura; hizo llorar a Pedro luego de la traición, y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.
Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana:
¡Si conocieras el don de Dios!
Tú eres el rostro visible del Padre invisible,
del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia:
haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.
Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad
para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error:
haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.
Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos y restituir la vista a los ciegos.
Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia,
a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén.


Madre



Se llena mi vacío cuando te llamo Madre

Luz de resurrección






"Un rayo de luz,
de repente.

La oscuridad ya nunca estuvo sola".


Si supiese escribir...

Si supiese escribir,
cuántas cosas no diría.

El silencio sonoro y
el viento suave que
mece las flores de los lilos.

El planear de las aves,
el zumbido de los abejorros.
El cielo azul ceniciento y
la paz en el alma.

Los brotes de los rosales,
los lirios en toda su blancura,
las pequeñas florecillas y
el viento en las mejillas.

Esto no es Dios, no,
pero se Le percibe,
no es el paraíso, no,
pero …
si supiese escribir,

cuántas cosas no diría.




Nuestro Cristo




"Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás". 


La misericordia


"Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para ser felices»


«La misericordia es la viga maestra que sostiene la Iglesia. Su credibilidad pasa a través del amor misericordioso y compasivo».


Pascua del Señor Jesús




Santa y feliz Pascua a todos. La alegría de la resurrección de Cristo llene vuestros corazones.


(La foto tomada de Siete en Familia.)

IV semana de cuaresma. Llagas revividas

No se termina el camino con las llagas resucitadas de Cristo. Ellas nos invitan a cargar con confianza con la cruz que supone seguirle. Nos enseñan a saber responder con amor al odio (aunque nos haga sufrir); con generosidad al egoísmo (aunque pasemos por tontos); con verdad a la mentira (aunque suponga no conseguir muchas cosas); con el bien al mal (aunque suponga perder muchas batallas). En la Pascua fijamos nuestros ojos en Jesús no para soñar con un mundo irreal, sino para hacernos fuertes en la verdadera vida aunque esta sea golpeada por el mal y la desgracia.




Ante el Señor:  Pide al Señor saber cargar con tu cruz cuando tengas que hacerlo, aceptar perder parte de la vida en esos difíciles momentos, para que vaya naciendo en ti la fuerza victoriosa del amor de Dios y los que te rodeen puedan encontrar en ti, como nosotros en Cristo, unas heridas donde beber fe, esperanza y amor.




Cuaresma 20015.Llagas transfiguradas



Cristo se hace reconocer en los relatos de la resurrección mostrando sus llagas. Estas han perdido su poder mortal, Ya solo son reflejo de la victoria de Dios sobre la muerte y sobre el odio. Son la manifestación total de que nada tiene poder sobre Dios, que su acción tiene capacidad de transfigurar el fracaso más dramático del hombre. Todo lo que se siembra en su vida renace exuberante, lleno de plenitud. Cristo mostrándonos sus llagas dice silenciosamente al corazón de los discípulos: “no tengáis miedo. Mirad, nada puede separaros del amor de Dios”. 

Cuaresma 2015. Llagas del silencio acogedor




Las llagas de Cristo acogen nuestro dolor y nuestro pecado. Con ellas nos recuerda que nos comprende verdaderamente, que siente nuestros sufrimientos, y también que nos perdona porque sus llagas no se presentan como una acusación sino como una llamada a recibir su amor sobreabundante.
En ellas podemos recogernos sabiendo que seremos acogidos.

Manifiestan que podemos estar seguros de que la fidelidad de Dios no se echa atrás. Las heridas no solo son expresión de nuestro pecado, sino que Cristo las ha convertido en expresión silenciosa de la sobreabundancia de su amor por nosotros.

Cuaresma 2015. Llagas de Cristo-Las llagas del odio (1ª semana)

Al mirar las llagas de Jesús nos enfrentamos a un mundo que hace daño, a una humanidad que golpea, que rechaza, que hace sufrir. Las llagas de Jesús nos recuerdan que la vida de unos parece siempre apoyarse en el sufrimiento de otros, que para mantener el estatus de unos se humilla y se degrada la vida de otros. Este es nuestro mundo y nuestra forma de ser de la que apenas sabemos salir y que ocultamos continuamente echando la culpa a los demás, como si nosotros no fuéramos parte del problema. Cristo al presentarnos sus heridas apunta a nuestro pecado, el que queremos ocultar. Al pecado que hacemos voluntariamente y al pecado que estructura el mundo del que formamos parte.


Cuaresma 2015. Las llagas de Cristo.

En este tiempo de cuaresma que comenzamos y que está todo él atravesado por el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, os invito y me invito a recogernos de manera especial en sus llagas. Llagas de muerte y de resurrección, llagas impuestas por el pecado y aceptadas por el amor vivificante del Señor, llagas que producen muerte y llagas que reflejan el poder sobreabundante de la vida de Dios.


Sus llagas se han convertido, desde que las mostró Cristo resucitado para hacerse reconocer, en signos de la resurrección. Son cicatrices curadas, que muestran el amor que vence al odio y el mundo nuevo donde ya no hay llanto, ni luto, ni dolor…


El amor




El amor vive más de lo que da, 
que de todo lo que recibe.

11 febrero Virgen de Lourdes



De la mano de María-Virgen
"Cantaré eternamente las misericordias del Señor"

Unidos



"Ved qué dulzura, que delicia 
convivir los hermanos unidos...
Allí manda el Señor la bendición, 
la vida para siempre."

manos vacías


Si vivo inconscientemente a lo largo del día, en el momento de tomar una decisión me veré con las manos vacías.


Cada día



"Cada día es una existencia en miniatura"


Para ti que lees este blog.


Soy vecina de este mundo por un rato,
 y hoy coincide que también tú estás aquí,
coincidencias tan extrañas de la vida,
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, 

y coincidir.


Si navego con la mente los espacios,
o si quiero a mis ancestros retornar,
agobiada me detengo y no imagino,
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio,
y coincidir.

Si en la noche me entretengo en las estrellas,
y capturo la que empieza a florecer,
la sostengo entre las manos, mas me alarma,
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio,
  y coincidir.

Si la vida se sostiene por instantes,
un instante es el momento de existir,
si tu vida es otro instante no comprendo,
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio,
y coincidir.






Jesús


El omnipotente y eterno Dios pide al alma pura que lo ponga como un sello sobre su corazón. Del mismo modo el que ama sinceramente a Dios debe conservar siempre en los labios de su alma ciertas imágenes o sentencias que muevan e inflamen su corazón en el amor a Dios.

Efectivamente, la perfección suma en esta vida consiste en que con la mayor frecuencia nos acordemos de Dios, que nuestro corazón suspire frecuentemente por él, hablemos continuamente de él, fijemos sus palabras en nuestra mente; todo lo hagamos por él y todo lo omitamos por él y, finalmente, en nadie esperemos, ni tras de nadie andemos, sino tras de él. Nuestros ojos lo deben mirar con todo amor, nuestros oídos deben acoger sus consejos, el corazón, los sentidos y el alma toda lo abrazarán con amor. Cuando lo hayamos ofendido nos reconciliaremos con él por la oración. Cuando nos someta a prueba, lo soportaremos con placidez; cuando se nos oculte, lo buscaremos sin cesar hasta que lo encontremos: y una vez hallado, lo retendremos dignamente.

Ya caminemos, ya estemos parados, ya bebamos, ya comamos, esta joya preciosísima del nombre de Jesús debe estar siempre impresa en nuestro pecho. Cuando no nos sea posible hacer otra cosa, que, al menos con la mirada, lo fijemos en nuestra alma.

Tengamos su nombre dulcísimo siempre en boca y de día debemos acordarnos tan intensamente de él que, cuando durmamos, lo soñemos y podamos decir con el Profeta: « Oh Dios eterno, oh dulcísima Sabiduría, qué buena eres para los que te buscan y sólo a ti desean. » (Lm 3, 25)

Este es, por tanto, el mejor ejercicio de todos porque, efectivamente, la oración continua es como la corona de todos los demás ejercicios y hacia ella como a su propio fin tienden todos ellos. ¿Qué otra cosa se hace en el cielo sino contemplar, amar y alabar?

Por tanto, cuanto más amablemente grabemos en nuestros corazones a Dios nuestro Señor, eterna Sabiduría, y cuanto más frecuentemente la contemplemos y la abracemos en nuestro corazón, con tanta mayor suavidad ella nos abrazará en esta vida y en la futura.


Santo año 2015




«Que el Señor te bendiga y te proteja. 

Que el Señor haga 
brillar su rostro sobre 
ti y te muestre su  gracia. 
Que el Señor 
te descubra su rostro 
y te conceda la paz» 
(Nm 6,24-25).



Que Santa María, Madre de Dios nos llene de su gozo y paz.
Santo y feliz año 2015.

Felicitación de Navidad


"Conmovido como el seno de María,
en camino con los magos
y mis dudas enredadas a las de José.

Mi rechazo junto a Herodes
(¿por qué ocultarlo? Ten piedad),
miedoso con los pastores
y mi brillo solo como la indicación
de aquella estrella fugaz.

Alegre entre los ángeles,
atento como la mula y el buey
y pequeño, al lado de un niño pequeño.

Así te espero, así quiero esperarte
como el Belén viviente
que tú, Señor, eliges ser conmigo."



Feliz y santa Navidad 


Adviento. El tiempo de José.

Cuando algún comentario considero que puede ayudar a otros, me gusta ponerlo como una nueva entrada. Gracias a Anónimo. Estas son sus palabras. 


"En aquel primer Adviento unos ojos amantes y silenciosos contemplaban a María...

Eran unos ojos que, atraídos por el misterio, se dejaban abrazar por él aún sin comprenderlo;

unos ojos que, sin saber que la maravilla que contemplaban ocultaban una maravilla aún mayor, no dejaban de amar mirando;
unos ojos que intuían algo sin saber qué era;
unos ojos que esperaban pacientes la revelación de Dios porque siempre miraron confiadamente a su Creador. Eran los ojos de José.

Esos ojos fueron causa de angustia cuando mostraron algo inesperado e inaudito y lloraron sin comprender. Pero siguieron esperando contra toda esperanza hasta que sonara la hora de Dios.

Los ojos de José... El misterio de los ojos de un hombre santo que mereció de Dios el encargo de cuidar de la Madre y del Hijo. Los mismos ojos que contemplaron atraídos, primero sin saber; los mismos que fueron golpeados por la sorpresa inesperada; los mismos que lloraron mientras veían la oscuridad del silencio de Dios fueron los que un día contemplaron junto a los de María el mayor de los misterios: Dios hecho Carne, hecho Niño. 

Unos ojos contemplativos, sufrientes y dichosos, siempre fieles, que fueron premiados con la contemplación de Jesús, el Señor."


Adviento. Tiempo de espera.


Adviento. Tiempo de espera, de vigilia. Tiempo que nos hace sentir aquello que nos trasciende y que consolida el tiempo haciendo que llegue la plenitud de los tiempos. Es un momento delicado, pues nos coloca en el borde de la Historia, como si estuviéramos en el Finisterrae y pudiésemos contemplar el horizonte de la eternidad y del infinito.

Casi parece un sueño, una ilusión. No sé si me llena de esperanza o de temor pensar que el tiempo, la Historia, pueden alcanzar su plenitud y elevarse hasta la misma vida de Dios. Cuando miro el cielo tengo vértigo: la profundidad de su abismo me hace sentir que si intento elevarme caeré y caeré sin llegar a ver el final perdiendo el conocimiento en el transcurso de la caída. Prefiero mirar al suelo, tener la vista fija en la tierra, para no ver cuán alejado estoy de Dios…

Pero es Adviento. Dios ha asumido mi tiempo, lo ha hecho suyo, y el abismo que nos separa ha dejado de atemorizarme. Ahora puedo contemplar la profundidad del infinito en los ojos de una joven que se llama María. Está encinta, esperando un niño. Me mira tranquila y veo esa plenitud tan propia de Dios, esa paz que es fuego, una llama que se imprime en el corazón y que lo sella con una cicatriz tan honda que trasciende el horizonte de este mundo.

No es el cielo lo que ahora me da vértigo. Soy yo. En mi pecho anida el vacío del horizonte de la eternidad. Ahora miro el mundo y soy incapaz de satisfacer los deseos de mi alma. Si intento negar a María, si tapo el hueco que me ha dejado en el corazón con la mano y miro hacia otro lado, el pecho pesa y se sumerge en la oscuridad del océano de mi cicatriz, de Finisterrae.

Hay que mirar a María, a aquella que ha acogido al Eterno, al Infinito en su alma y se ha llenado de gozo en la presencia de Dios. Es ella quien convierte mi  angustia en esperanza, quien transforma mi cicatriz en la fuente de la que manan ríos de agua viva, de agua clara y pura, y que hacen que el tiempo que vivo sea pleno.

 
Vivir el Adviento es creer en María, ver en su mirada la plenitud de los tiempos. Ella es la Virgen que es Madre, es el tiempo fecundo y pleno de la eternidad. Hay que estar vigilantes para contemplar su mirada, la mirada que proyecta la luz diáfana de la Verdad, de Cristo.

No tengáis miedo


"¡El Señor viene! En realidad, desde la vivencia de la fe y de la confianza en Él, bien podemos afirmar que el Señor está siempre viniendo, está en medio de nosotros, caminando a nuestro lado por las sendas de la historia que nos toca transitar, y en estos tiempos tan complicados y azarosos.
El Adviento nos ayuda a caer en la cuenta de esta verdad. Y nos predispone para intensificar nuestros encuentros personales con el Señor Jesucristo en la oración más intensa y en la más atenta escucha de su Palabra y de su paso entre nosotros. Siempre nos acecha el peligro de la distracción, sea por las razonables preocupaciones de la vida, sea por los reclamos seductores del consumo, sea por circunstancias personales de difícil manejo… Este tiempo particularmente santo, ante sala de la gran celebración de la Natividad del Señor, es una fuerte llamada a estar alerta. Porque el Señor viene, quiere venir a mi vida, a ofrecerme un plan, a encender mi esperanza, a despertar todas mis capacidades para el bien y el amor.
Él viene a sacarme de la plácida rutina, de la inconsciencia del compromiso débil, del melancólico paso del tiempo que me hace ser espectador indiferente de las grandes luchas y sueños de la humanidad.
Él viene sobre todo a recordarme la más importante de las citas: el encuentro definitivo con Él, ese que fijará mi destino eterno a su lado, y que ahora me exige vivir en vela y sin distracciones estériles, construyendo con su fuerza, y por su mismo Espíritu, ese futuro que desembocará en la Vida-sin-fin."

Acompañemos a María-Virgen en días tan santos.


Porque Le amas.



Eres uno con Dios, porque le amas. 
¡Tu pequeñez qué importa y tu miseria, 
eres uno con Dios, porque le amas! 

Le buscaste en los libros, 
le buscaste en los templos, 
le buscaste en los astros, 

y un día el corazón te dijo, trémulo: 
«aquí está», y desde entonces ya sois uno, 
ya sois uno los dos, porque le amas. 

No podrían separaros 
ni el placer de la vida 
ni el dolor de la muerte. 

En el placer has de mirar su rostro, 
en el dolor has de mirar su rostro, 
en vida y muerte has de mirar su rostro. 

«¡Dios!» dirás en los besos, 
dirás «Dios» en los cantos, 
dirás «¡Dios!» en los ayes. 

Y comprendiendo al fin que es ilusorio 
todo pecado (como toda vida), 
y que nada de Él puede separarte, 
uno con Dios te sentirás por siempre: 
uno solo con Dios, porque le amas.


Dichoso-Feliz


"Dichoso el que con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor.



Dichoso el que guardando sus preceptos,

lo busca de todo corazón."


Dentro de ti.


“El Reino de los cielos está dentro de ti.”


Nada temo, Tú vas conmigo.

El Señor es mi Pastor, con Él nada me falta,
En verdes praderas, Él me hace recostar.
Me conduce hacia fuentes tranquilas, 
y repara mis fuerzas.
Me guía por sendero Justo, 
por el Honor de Su Nombre.

Aunque camine por cañadas, oscuras, 
nada temo porque Tú vas conmigo, 
Tu Vara y Tu Cayado, me sosiegan, 

Preparas una mesa ante mí, 
en frente de mis enemigos, 
me unges la cabeza con perfume, 
y mi copa rebosa.

Tu Bondad y Misericordia, me acompañan, 
todos los días de mi vida.
Y Habitaré en la Casa del Señor, 
por años sin término.