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Mostrando entradas de octubre, 2014

¿Santidad?

Te has preguntado en alguna ocasión:

¿Qué es para mí la santidad?


Humildad

“Verdad es que no en todas las moradas podréis entrar por vuestras fuerzas, aunque os parezca las tenéis grandes, si no os mete el mismo Señor del castillo. Por eso os aviso, que ninguna fuerza pongáis, si hallareis resistencia alguna, porque le enojaréis de manera, que nunca os deje entrar en ellas. Es muy amigo de humildad” (Moradas VII, 4, 2).
La humildad siempre labra como la abeja en la colmena la miel, que sin esto todo va perdido. (Moradas I, 2, 8)
“Mientras estamos en esta tierra no hay cosa que más nos importe que la humildad”. (Moradas I, 2, 9) El Señor os lo dará a entender, para que saquéis de las sequedades humildad y no inquietud, que es lo que pretende el demonio (Moradas  II, 1, 9).
“Y creedme que no está el negocio en tener hábito de religión o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino…

El rosario

El rezo del Rosario, 
camino hacia la oración incesante.

Que María, la Virgen del Rosario, nos alcance esta gracia.



¡Nada más que por hoy!

Mi vida es un instante, una efímera hora, momento que se evade y que huye veloz. Para amarte, Dios mío, en esta pobre tierra no tengo más que un día: ¡sólo el día de hoy!  ¡Oh, Jesús, yo te amo! A ti tiende mi alma. Sé por un solo día mi dulce protección, ven y reina en mi pecho, ábreme tu sonrisa ¡nada más que por hoy!  ¿Qué me importa que en sombras esté envuelto el futuro? Nada puedo pedirte, Señor, para mañana. Conserva mi alma pura, cúbreme con tu sombra ¡nada más que por hoy!  Si pienso en el mañana, me asusta mi inconstancia , siento nacer tristeza, tedio en mi corazón. Pero acepto la prueba, acepto el sufrimiento ¡nada más que por hoy!  ¡Oh Piloto divino, cuya mano me guía!, en la ribera eterna pronto te veré yo. Por el mar borrascoso gobierna en paz mi barca ¡nada más que por hoy! ¡Ah, deja que me esconda en tu faz adorable, allí no oiré del mundo el inútil rumor. Dame tu amor, Señor, consérvame en tu gracia ¡nada más que por hoy!  Cerca yo de tu pecho, olvidada de todo, no temo ya, Dios mío, los mied…