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Mostrando entradas de noviembre, 2015

Cuando nos visite el Sol...

La fidelidad del Señor dura por siempre

“Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia”

Sígueme

“Sabe el Señor que los pensamientos del hombre son insustanciales (Sal 93/94, 11) “Sígueme”. “Ven y sígueme” (Jn 21, 19) Señor, ¿cómo me exiges, para ser discípulo, que deje todo, hasta mí mismo, si conoces que los sentimientos del corazón humano son egoístas? Tu exigencia parece sobrehumana, y si las condiciones para ser discípulo tuyo son las que dice tu evangelio, ¿quién puede seguirte?      En un ímpetu del carácter hasta puedo hacer un acto generoso y aceptar algún despojo, pero después me encuentro aferrado a una idea, un objeto, un afecto humano… Aun en el mejor de los casos, nunca me veo libre del todo de mí mismo y, aunque con los labios pronuncio deseos nobles y al hacerlo se ensancha mi interior tan sólo por imaginar que voy detrás de ti, a la hora de la verdad, constantemente se entremezclan prioridades humanas, gustos y apetencias sensibles que no son tu rostro crucificado.     Como los discípulos cuando te dijeron: “Señor, ¿quién puede salvarse?”, yo te confieso que en el af…

Soledad y silencio

“Nuestra alma tiene necesidad de soledad. En la soledad, si el alma está atenta, Dios se deja ver. La multitud es ruidosa. Para ver a Dios es necesario el silencio”.



(Foto tomada a las 18,30)

Por los vuestros

"La vida de los que en Ti creemos, Señor, no termina, se transforma"

Vivamos con esta esperanza que llena nuestro corazón de paz.
Pido junto con toda la Iglesia por todos los que ya han celebrado su Pascua, un recuerdo muy especial por los vuestros.




Todos los santos

A los santos los llamamos “bienaventurados”, y el Sermón del Monte que pronunció Jesús es una referencia evangélica para cuantos desean unirse a la larga procesión de los que, vestidos con túnicas blancas, siguen al Cordero, a Cristo glorioso. 
A veces el texto del evangelista san Mateo se emplea para dictaminar quiénes son entre nosotros los justos, y quiénes los que se apartan del canon evangélico, recurso indebido, pues no nos pertenece juzgar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Sin duda que cada uno de los títulos por los que a algunos Dios los llamará “benditos”, se pueden aplicar a Jesucristo. Él es el Santo, el Bendito, el que nos ha mirado con corazón limpio, y se ha despojado de su rango, tomando la condición humilde de nuestra naturaleza. Jesús de Nazaret es el manso, el pacífico. Él ha padecido el juicio injusto, y ha sido perseguido hasta el extremo de ser condenado a muerte. En Jesucristo tenemos el modelo de santidad, y es Él quien nos produce la sana emulación cuando n…