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Mostrando entradas de diciembre, 2012

Te diré mi amor...

Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.
Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizás con gotas de sangre.
Te diré mi amor, Rey mío,con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.
Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.
Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro Valle! Amén.

Danos tu fe, María

Danos tu fe, María, sólo así podremos vivir, celebrar, cantar y festejar, el encanto de la Navidad.
Solo así en este santo Añode la Fe, podremos conocer, sentir, vivir, amar, testimoniar y celebrar al Dios que viene pequeño por Navidad.

El Adviento y la alegría

La alegría debe ser un distintivo del cristiano. La alegría cristiana nace de la profunda convicción de que en Cristo, el Señor, el pecado y la muerte han sido derrotados. Por eso, al ver que El Salvador está ya muy cerca y que el nacimiento de Jesús es ya inminente, el pueblo cristiano se regocija y no oculta su alegría. Nos encaminamos a la Navidad y lo hacemos con un corazón lleno de gozo. Sería excelente que nosotros recuperáramos la verdadera alegría de la Navidad. La alegría de saber que el niño Jesús, Dios mismo, está allí por nuestra salvación y que no hay, por muy grave que sea, causa para la desesperación. De esta alegría del corazón nace todo lo demás. De aquí nace la alegría de nuestros hogares. De aquí nacen la ilusión y el entusiasmo que ponemos en la preparación del nacimiento, el gozo de los cantos natalicios tan llenos de poesía y de encanto infantil. Es justo que estemos alegres cuando Dios está tan cerca. Pero es necesario que nuestra alegría sea verdadera, sea prof…

Adviento tiempo de gracia

En este tiempo de gracia que es el Adviento, Dios nos vuelve a poner delante la invitación a esperar: tú que gritas, que sufres, que dudas, que te lamentas, que intuyes la falsedad de tantos progresos pero que no aciertas a encontrar la verdad del verdadero...; tú que tienes tanto sin resolver en ti y entre los tuyos... ¡espera al Salvador, canta “ven, Señor”! Atrévete a hacer la lista de todas tus imposibilidades, de todos tus límites y desesperanzas. Dios las abraza, las toma en serio, las reviste de posibilidad.

Dios quiere también hoy, aquí y ahora, en mí y entre nosotros, hacer posibles todos nuestros imposibles, como lo hizo en María. Volver a acampar su Palabra en nuestro terruño de penas y exterminios, para hacerlo fértil y feliz. Es posible.

En Adviento, Madre, te necesitamos

Madre, Virgen Inmaculada.  Intercede por nosotros.  Te necesitamos.

Adviento-El Señor está cerca

Comenzamos el Adviento, y se nos invita a no dormir, a estar vigilantes.
No dormir significa no abatirnos en la desconfianza y en la indiferencia ante cómo va el mundo; no dejar de ninguna manera que nuestro corazón se vuelva de piedra y nos dediquemos a quejarnos, murmurar y sentenciar. No dormir significa vivir la pequeña gran aventura que se nos presenta cada día. Que no nos venza el sueño implica mirar hacia delante, no quedándonos aletargados en lo que ya pasó, viviendo de añoranzas, recuerdos y de una eterna autobiografía. No se puede vivir de ninguna manera meditando sobre un pasado tal vez más glorioso, dichoso, seguro y con menos problemas. Tenemos que despertar, si es que estamos dormidos, y vivir afrontando el futuro de manera firme, positiva e ilusionada.
No debemos caminar cabizbajos y con el corazón desanimado. Tenemos que escuchar las palabras de Jesús: “Alzad vuestra cabeza, pues se acerca vuestra liberación”; tenemos que apostar, confiar y no cerrarnos a las posibilidad…