24 dic. 2011

Navidad

Está hecho. El fuego ha penetrado una vez más en la tierra. No ha caído ruidosamente sobre las cimas, como el rayo y su estallido. ¿El Dueño fuerza las puertas para entrar en su casa?
La llama lo ha iluminado todo sin sacudidas, sin estruendos, desde dentro. Desde lo más pequeño hasta lo más grande del universo, ha quedado invadido por tu llama, de tal forma que podría creerse que el mundo se ha inflamado espontáneamente.
En la nueva Humanidad que se está engendrando hoy, el mundo ha cambiado sin estremecimiento. Nada ha cambiado, en apariencia, en esta poderosa transformación. Y, sin embargo, al contacto de la Palabra, todas las cosas se han convertido, misteriosa y realmente, en Cristo. Desde ahora, todo se ha encarnado, ¡Dios mío, en tu Encarnación!
Haz, Señor, que tu descenso a este mundo no sea para mí estimado y acariciado como el fruto de una especulación de mi mente ni como desenfreno de mi corazón, sino que se convierta verdaderamente en una presencia real. ¡Haz, Señor, que crea!

Con mis mejores deseos. 
Santa, profunda y feliz Natividad del Señor.

18 dic. 2011

Adviento-IV- Está muy cerca

La Virgen sueña caminos está a la espera


La virgen sabe que el niño, está muy cerca.


De Nazareth a Belén hay una senda


Por ella van los que creen en las promesas.


Los que soñais y esperais la buena nueva


Abrid las puertas al niño que está muy cerca


El Señor cerca está, el viene con la paz 


El Señor cerca está, el trae la verdad.

10 dic. 2011

Adviento-III- ¡ALEGRAOS!

¡Vivamos en este tiempo de Adviento con alegría el encuentro con Jesucristo y preparemos nuestra vida para acoger al “Señor que vendrá”, rompiendo desde la disponibilidad todo aquello que rompe nuestra fidelidad y nuestro seguimiento!
            ¡Anunciemos que Dios viene desde un corazón agradecido con alegría, oración, paz interior, mesura y templanza ante las cosas!

7 dic. 2011

INMACULADA

Es mediodía. Veo la Iglesia abierta. Tengo que entrar.
Madre de Jesucristo, yo no vengo a rezar.
No tengo nada qué ofrecer, y nada tengo que rogarte.
Sólo he venido, Madre, para mirarte.

Contemplarte, llorar de dicha,
saber así que yo soy tu hijo y que Tú estás ahí.
Nada más que un momento mientras se para el aire.


¡Mediodía! 
Allí donde tú estés, estar contigo, Madre.
Sin decir nada, contemplar tu semblante,
dejar al corazón cantar con su propio lenguaje,
sin decir nada, cantar porque se tiene el corazón tan lleno,
como el mirlo que sigue sus anhelos en súbitos gorjeos. 


Porque Tú eres hermosa, porque Tú eres inmaculada,
la mujer de la Gracia por fin reinstaurada.

La criatura en su primer honor y en su desvelamiento final, tal como salió de Dios la mañana de su esplendor original. 

Inefablemente intacta porque Tú eres la Madre de Jesucristo,
que es la verdad en tus brazos, y la sola esperanza y el fruto único. 

Porque eres la mujer, el Edén de la antigua ternura olvidada,
allí dónde el mirar encuentra de golpe el corazón y hace saltar las lágrimas en él acumuladas. 


Porque ahora es mediodía, porque estamos ahora en este día,
porque Tú estás para siempre ahí, simplemente porque Tú
eres María,
simplemente porque existes Tú. 
¡Gracias y otra vez gracias, Madre de Jesús!

La mundanidad espiritual

En el Evangelio de San Lucas (11,15-26) Jesús dice:  «Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha lleg...