17 ene. 2014

¡Detente!


¡Detente! Pliega el ala voladora:
¡buscas la luz, y en ti llevas la aurora!

Recorres un abismo y otro abismo
para encontrar al Dios que te enamora,
¡y a ese Dios tú lo llevas en ti mismo!

¡Y el agitado corazón latiendo,

en cada golpe te lo está diciendo,
y un misterioso instinto,
de tu alma en el oscuro laberinto,
te lo va noche a noche repitiendo!
...¡Más tú sigues buscando lo que tienes!

Dios, en ti, de tus ansias es testigo;

y, mientras pesaroso vas y vienes,
como el duende del cuento,
Él va contigo.



12 ene. 2014

Misión



La misión consiste en "dar carne" al Espíritu Santo. En ese aspecto, María es una figura central en toda vocación, en toda vida cristiana, puesto que su papel y nuestro papel, el papel de toda  humanidad llamada por Cristo, es dar carne al Espíritu Santo, dar cuerpo a una palabra de Dios; no repetir las palabras, no hacer discursos, sino dar carne. Toda vida dominicana, toda vida cristiana es, pues, apostólica y misionera por naturaleza, sea cual fuere la forma de su misión.

Ser apostólico, por con siguiente, no es ante todo obrar, hacer, por oposición a los que no hacen nada, puesto que todo el mundo hace algo, obra  de algún modo, cada uno a su medida, cada cual según su vocación. Nuestra medida no es la acción; nuestra medida es la solidez de nuestra relación con Cristo que envía, mediante la Iglesia, para la renovación del mundo. He ahí nuestra medida: nuestra docilidad a la acción del Espíritu. Y lo que va a cualificar nuestra vocación apostólica no son las grandes obras que nosotros diseñamos, sino la calidad de nuestro ser  interior. Nuestras obras pasan…


5 ene. 2014

He visto una estrella




Te doy gracias, Señor, porque –sin ser rey- he visto una estrella.

Una estrella que, en la noche oscura,
me ha invitado a seguirla, incluso en las horas amargas, y, sus destellos, han hablado a mi corazón, despertando mis sentimientos.

Una estrella que ha hecho posible el que yo, hombre y débil, me postre ante Ti con fe y con emoción como aquellos Reyes Magos.

Haz Señor, que después de haberte contemplado y rezado; después de haberte ofrecido mi pobreza vuelva a mi 
hogar con la firme promesa
de que tu nombre sea conocido, amado y publicado por todos los confines de la tierra.

¡Gracias, Señor! ¡Gracias, mi Rey!

La mundanidad espiritual

En el Evangelio de San Lucas (11,15-26) Jesús dice:  «Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha lleg...