17 may. 2015

Ascensión del Señor



El gozo es mi testigo.

La paz, mi presencia viva,
que, al irme, se va conmigo
la cautividad cautiva.

El cielo ha comenzado.
Vosotros sois mi cosecha.
El Padre ya os ha sentado
conmigo, a su derecha.

Partid frente a la aurora.
Salvad a todo el que crea.
Vosotros marcáis mi hora.
Comienza vuestra tarea. 




12 may. 2015

¿Nos hemos aislado?

Los monjes y monjas de clausura comunican y mucho. El segundo criterio del amor, prosiguió el Papa, es que “se comunica, no permanece aislado. El amor da de sí mismo y recibe, se hace de la comunicación que está entre el Padre y el Hijo, una comunicación que la hace el Espíritu Santo”.

“No hay amor sin comunicación, no existe el amor aislado. Pero alguno de vosotros puede preguntarme: ‘Pero Padre, los monjes y las monjas de clausura se han aislado’. Pero comunican y mucho: con el Señor, también con los que van a buscar una Palabra de Dios… el verdadero amor no puede aislarse. Si se aísla no es amor. Es una forma espiritualista de egoísmo, de permanecer encerrado en sí mismo, buscando su propio provecho… Es egoísmo”.

Por tanto, afirma Papa Francisco, “permanecer en el amor de Jesús significa hacer” y “capacidad de comunicarse, de diálogo, sea con el Señor sea con nuestros hermanos”.

“Es así de sencillo esto. Pero no es fácil. Porque el egoísmo, nuestro propio interés nos empuja y nos empuja para no hacer y para no comunicar. ¿Qué dice el Señor de los que permanecen en su amor? ‘Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena’. El Señor que permanece en el amor del Padre es gozoso ‘y si vosotros permanecéis en mi amor, vuestra alegría será plena’: una alegría que muchas veces viene junto con al cruz. Pero esa alegría, Jesús lo ha dicho, nadie os la podrá quitar”.

El Papa concluye la homilía con esta oración: que el Señor “nos dé la gracia de la alegría, esa alegría que el mundo no nos puede dar”.


10 may. 2015

Como Tú, María



¡QUIERO SER COMO TÚ, MARIA!
Alegre, para que los que viven junto a mí sean más felices
Prudente, para que  mis palabras no causen heridas
Orante, para escuchar la voz del Señor
Sencillo, para no dejarme engañar por el escaparate de la sociedad
Valiente, para no acobardarme ante las dificultades
Con las manos abiertas, para dar aquello que otros necesiten
Afable, para tratar a los demás con respeto y cariño
Limpio, para no juzgar por las apariencias
Con esperanza, para huir del pesimismo
Oyente, para conducirme por la Palabra de Dios
Te ofrezco, María, mi DEBILIDAD
Que Tú la transformes en algo agradable a Dios


6 may. 2015

Misericordiosos como el Padre

Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo, y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.
Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.

Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero;
a la adúltera y a la Magdalena del buscar la felicidad solamente en una creatura; hizo llorar a Pedro luego de la traición, y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.
Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana:
¡Si conocieras el don de Dios!
Tú eres el rostro visible del Padre invisible,
del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia:
haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.
Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad
para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error:
haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.
Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos y restituir la vista a los ciegos.
Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia,
a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén.


Barcelona- súplica

Y uno se pregunta de nuevo ¿por qué? Y hasta el cielo se interroga ¿por qué? Y todo hombre de bien se cuestiona ¿po...