3 ene. 2015

Jesús


El omnipotente y eterno Dios pide al alma pura que lo ponga como un sello sobre su corazón. Del mismo modo el que ama sinceramente a Dios debe conservar siempre en los labios de su alma ciertas imágenes o sentencias que muevan e inflamen su corazón en el amor a Dios.

Efectivamente, la perfección suma en esta vida consiste en que con la mayor frecuencia nos acordemos de Dios, que nuestro corazón suspire frecuentemente por él, hablemos continuamente de él, fijemos sus palabras en nuestra mente; todo lo hagamos por él y todo lo omitamos por él y, finalmente, en nadie esperemos, ni tras de nadie andemos, sino tras de él. Nuestros ojos lo deben mirar con todo amor, nuestros oídos deben acoger sus consejos, el corazón, los sentidos y el alma toda lo abrazarán con amor. Cuando lo hayamos ofendido nos reconciliaremos con él por la oración. Cuando nos someta a prueba, lo soportaremos con placidez; cuando se nos oculte, lo buscaremos sin cesar hasta que lo encontremos: y una vez hallado, lo retendremos dignamente.

Ya caminemos, ya estemos parados, ya bebamos, ya comamos, esta joya preciosísima del nombre de Jesús debe estar siempre impresa en nuestro pecho. Cuando no nos sea posible hacer otra cosa, que, al menos con la mirada, lo fijemos en nuestra alma.

Tengamos su nombre dulcísimo siempre en boca y de día debemos acordarnos tan intensamente de él que, cuando durmamos, lo soñemos y podamos decir con el Profeta: « Oh Dios eterno, oh dulcísima Sabiduría, qué buena eres para los que te buscan y sólo a ti desean. » (Lm 3, 25)

Este es, por tanto, el mejor ejercicio de todos porque, efectivamente, la oración continua es como la corona de todos los demás ejercicios y hacia ella como a su propio fin tienden todos ellos. ¿Qué otra cosa se hace en el cielo sino contemplar, amar y alabar?

Por tanto, cuanto más amablemente grabemos en nuestros corazones a Dios nuestro Señor, eterna Sabiduría, y cuanto más frecuentemente la contemplemos y la abracemos en nuestro corazón, con tanta mayor suavidad ella nos abrazará en esta vida y en la futura.


4 comentarios:

Rosa dijo...

Es verdad, qué abrazo más suave; hoy, lo he notado intensamente durante el rezo del Rosario.

Es precioso lo que nos dejas.

Un beso grande, querida amiga.

Feliz y santo año 2015.

Rosario dijo...

Hola Caminar: le deseo un FELIZ AÑO. Perdone mi tardanza pero por problemas no tengo tiempo para dedicar al ordenador.
Dios la bendiga.
Un abrazo.

ANGELO ST dijo...

¡Cuántas meditaciones se pueden hacer con tan solo mencionarlo! Haber si logro grabarlo ya de una vez para siempre en mi corazón. Gracias

Teresa dijo...

Hola, Caminar...¡de nuevo juntas en este espacio virtual!. Más de dos años sin escribir, se dice pronto, pero al retomar de nuevo el blog parece que no ha pasado el tiempo. Me alegra mucho encontrarme contigo en este espacio...¡gracias por tu bienvenida!. Un abrazo.

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