27 mar. 2011

Dame de beber


La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.

Benedicto XVI

3 comentarios:

Angelo dijo...

¿Qué es la noche oscura sino la sequedad del alma? necesitamos el agua que Cristo trae.
Como la samaritana también digo "Dame de beber"

Felicitas dijo...

Así es, querida Caminar, que Jesús nos sumerja en Su Agua de Vida para que ya no tengamos nunca más sed de Amor.
Un abrazo.
;O)

Gran Visigoda dijo...

Ojalá nunca deje de sentir esa sed, esa necesidad del Agua de la Vida.
Un abrazo.

María Asumpta

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