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La paz



La paz consigo mismo resulta del acuerdo interno. Una unificación entre el pensamiento, el sentimiento y la acción. En otros términos: Hago lo que pienso y siento que debo hacer.
Es importante comprender que el conflicto interior se produce cuando hay fuerzas en pugna. Sólo al haber oposición de fuerzas se produce la aflicción, el dolor que nos quita la paz.
Esto puedes verificarlo incluso en el infortunio, cuando algo desagradable se abate sobre la vida. Aumenta el dolor mientras más te opones y te resistes a aceptar lo que sucede.
El acuerdo interno deriva de la coherencia que des a tu vida. Hay coherencia cuando tus acciones van en una misma línea, cuando siguen un sentido, cuando son guiadas por un propósito único.

Comentarios

Capuchino de Silos ha dicho que…
Cuando el alma tiene esa unidad en el pensar, en el sentir y en el desear tenemos a Dios con nosotros y aumenta el amor y la felicidad.

Muy feliz día con el Señor.
Sacramento Rosales ha dicho que…
Sólo al haber oposición de fuerzas se produce la aflicción, el dolor que nos quita la paz.
Cuanta razón.
Un abrazo.
Angelo ha dicho que…
Dificil muchas veces. Sustituir nuestra voluntad por la de Dios.Ese intercambio a veces no se produce.
Un abrazo.
mj bo ha dicho que…
Es verdad para vivir en paz ha de haber un acuerdo entre lo que pensamos, sentimos y hacemos... de lo contrario es imposible.
Un abrazo
Susana Topasso ha dicho que…
No nos olvidemos que en esto interviene la Gracia. Nosotros no podemos nada sin la gracia de Dios. "Sin mí nada podéis hacer" dice el Señor. Hermoso post. Es verdad que la palabra coherencia lo sintetiza todo. Saludos, Susana desde Buenos Aires.
Anónimo ha dicho que…
¿1que hacer si la acción, el sentimiento y el pensamiento van en contra de la creencia que hasta entonces hemos temido? ¿que hacer si el sentimiento se ha dividido, el pensamiento se opone y la acción duda o es encontrada?
Loli Veneciano ha dicho que…
¡¡¡Buenísima entrada!!! ¡¡¡Gracias, Caminar!!!

Sí, la paz se logra con la unificación de todo lo que somos -cabeza y corazón- procurada en torno a un único propósito.

Si este fin perseguido es aquel al que hemos de tender en atención a lo que realmente somos -hijos de Dios-, nuestra vida adquirirá la solidez y la coherencia que nos darán la auténtica felicidad.

Salimos del Padre y nuestro fluir vital se encamina al Lugar que fue nuestro origen. Si procuramos fluir continuamente sin quedar apegados a nada, si en esto ponemos alma, vida y corazón, gustaremos la paz fruto de orientar todas nuestras energías a lo único que merece la pena: vivir de tal modo que podamos celebrar el regreso a la Casa del Padre siendo plenamente hijos en el Hijo.

Pido por todos vosotros para que, con la gracia de Dios, esto se vaya haciendo realidad en nuestras vidas.